13.6.12

78.

Unir dos pasiones: el vídeo y la música. Y hacerlo volviendo a la esencia, sin artificios. Con gente que disfruta de lo que hace, tanto delante como detrás de la cámara.
Es el espíritu de Yogurt Music Project, el pequeño gran proyecto de Elisa y Henrique, que lleva ya unos meses en marcha sumando ritmos, instrumentos, grupos y seguidores.

Se graban en espacios abiertos, parques, calles o plazas, conservando toda la esencia de la improvisación y el ambiente mágico del directo. Folk, rock, pop, indie y también groove, soul o jazz, con voces a capella, instrumentos de todo tipo y un público curioso e improvisado.



Son yogures frescos y sin aditivos. Comparto uno de sus vídeos para que los probéis.
He elegido este porque me han descubierto un grupo que no conocía y ahora ya tengo fichado, Tórtel. 


Echadles un ojo, tienen muchos más en su web. Quien sabe, igual un día os encontráis alguno de estos conciertos inesperados a la vuelta de la esquina. Y entonces ya sabréis que tienen sabor a yogurt.

11.6.12

77.

La semana comienza arrastrando los restos del naufragio. Este fin de semana han pasado muchas cosas. Algunas las conocemos todos de sobra, pero otras se merecen un poco de difusión, porque son proyectos colaborativos, con un espíritu lúdico y creativo.



El sábado se celebró la edición de Wallpeople 2012, un evento de expresión artística en lugares públicos, que persigue sacar el arte a la calle y compartirlo. Es una iniciativa con sede en Barcelona que se ha extendido a todo el mundo. Este año participaban unas 30 ciudades repartidas por todos los continentes.

En Madrid, el lugar escogido para dar vida a esta galería espontánea fue el Campo de la Cebada. Llegué a primera hora y el muro empezaba tímidamente a llenarse de obras: pequeñas o grandes, dibujos, fotografías, servilletas de bar, collages, montajes en papel y cartón...



Mi aportación mezclaba hilos y lanas en un bordado urgente sobre un dibujo reciclado y allí se quedó expuesto junto a otras creaciones.


 Las chicas de La galería de Magdalena coordinaron el evento y aunque no pude quedarme para verlo, unieron también teatro y dibujo, convocando a la gente de Dibujo Madrid para interpretar con sus bocetos los movimientos y actuaciones de un grupo de actores.

Podéis ver muchas más fotografías y aportaciones en el blog Arte en la Calle y en el facebook de la Galería de Magdalena.



¡Buena semana!

4.6.12

76.

Mi barrio madrileño, Chamberí, me gusta y mucho. Y más cuando llega el buen tiempo y el calor (y la falta de aire acondicionado) invitan a vivir en la calle.

El sábado se organizó la primera edición de Molavide y dado que desde mayo hasta octubre paso gran parte de mi vida en esa plaza no podía dejar de darme un paseo y tomar algunas fotos.





Molavide trajo puestos de anticuarios, telas y diseño a la Plaza de Olavide. Entre ellos los geniales trabajos en cerámica de Jeez Vanilla y Sophie Aguilera y su proyecto de joyería en porcelana, Togetherness.

También globos, mojitos, gente y mucho ambiente. Las tiendas y bares del barrio se engalanaron con decorativos escaparates y montaron fiestas improvisadas en sus puertas.

Disfrutar la vida de barrio es uno de los grandes descubrimientos que he hecho al vivir en el centro de Madrid. La gran ciudad tiene estas cosas, algo paradójicas. 

1.6.12

75.

Me gusta leer la columna semanal de Barbara Alpuente en la revista Yo Dona. Suele dar en el clavo. Es irónica y generalmente confiesa reflexiones y ocurrencias certeras sobre el universo femenino, contando situaciones habituales que tantas veces rozan el ridículo.

Hace unas cuantas semanas publicó el siguiente artículo. Lo comparto porque es esperanzador y optimista. Y porque alienta a seguir adelante y a arriesgar. 


¡Buen fin de semana!


EL ÚLTIMO TREN

Esperas en el andén con tus maletas de cuero mientras te sujetas la pamela para evitar que el viento la arrastre (La imagen es tipo Orient Express, que mola más) Llega el tren y subes a duras penas con tu equipaje. Llevas mucho peso, pero nadie parece tener intención de ayudarte. El revisor, con un bigote muy Hércules Poirot, toca el silbato y mete prisa a los viajeros. Te sitúas junto a la ventanilla mientras algunos pasajeros recorren todavía los pasillos en busca de su asiento. A tu lado se acomoda una señora muy grande que te mira de arriba abajo con suspicacia. En el vagón restaurante cenas sola y observas a la gente comer en silencio. No se oyen risas, no percibes miradas amables y los camareros te sirven con brusquedad. Se te cierra el estómago. Hay algo en el ambiente que te hace dudar. ¿Es este el tren en el que quieres viajar? Y si lo es, ¿por qué te encuentras en este desasosiego? Pero no pasa nada, piensas, si no deseas continuar el viaje, basta con bajarte en la próxima estación. El revisor, que ha escuchado tus pensamientos, te advierte de los riesgos que corres.

Los pasajeros dejan de comer y te escudriñan. Entre todos intentan convencerte de que quizá no exista otro tren. Deberías conformarte con este y dejar de buscar. Te arriesgas a quedarte en tierra mientras los demás continúan su camino. Y piensas: “¿realmente es este el último tren?” El convoy se detiene. La gente sigue mirándote con curiosidad. Tragas saliva. El revisor hace sonar el silbato sin perderte de vista. Todos confían en que no vas a bajar, es lo más sensato. De repente, un arrebato te conquista y sales corriendo, dejando incluso tu equipaje en el compartimento. Por las ventanillas ves los rostros atónitos de los pasajeros, y algunos te dedican una mirada de condescendencia, dando por hecho que vas a quedarte sola en el andén, a la espera de un tren que jamás llegará. Pero tú no sientes miedo, porque algo dentro de ti sabe que aquel no era el último tren. No existe un último tren, y quien quiera convencernos de lo contrario, quizá debería probar a apearse del suyo.
Columna Nadie es Perfecto, por Barbara Alpuente, publicada en la revista Yo Dona
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